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REVOLUCIÓN CATÓLICA

10 May

Desde hace tiempo vengo pensando en escribir este post por ver una necesidad imperiosa hablar de Dios, de saber que como Iglesia tenemos muchas misiones pero destacando uno sobre todas las demás que creo que hemos metido en un cajón, por comernos lo urgente a lo importante. Si enseñamos, si curamos, si acompañamos, si ayudamos, si acogemos, sin hacerle protagonista, me pregunto ¿Estamos haciéndolo bien? No solo vale rezar, sabiendo que hay que rezar mucho.

Muchos carismas, pero una sola Iglesia.

Quizás sea esa la frase que mejor pueda resumir el camino que tenemos que construir para cumplir Su misión. Los becerros de oro hoy son seguir movimientos en personas, que siendo santas, nunca quisieron usurpar el verdadero protagonismo de Él.  Veo con entusiasmo el movimiento laico latir, Emaus, Efetá, Proyecto Amor Conyugar, Hakuna… veo la imperiosa necesidad de muchos sanar y encontrarse con un Padre que en Verdad, siempre sale a nuestro encuentro, pero me preocupa la falta de dirección de la orquesta en un mundo mucho más complejo. Estamos en periodo de guerra de guerrillas contra varios movimientos internacionales de ingeniería social que por medio de organismos internacionales, grandes corporaciones mundiales, políticos y sociedad civil perfectamente organizada han decidido que Cristo es el enemigo, por ende todos los cristianos y están utilizando todas las armas para que seamos un reducto de “freakis” una vez que consigan que su “religión” oficial sea la mayoritaria.

Nunca jamás una forma de vivir había sido tan perseguida, por ello la gran colaboración judeo-cristiana, ellos que ya lo vivieron siente ahora empatía por nuestra persecución y nos están avisando… pero no estamos viendo a cuantos estamos dejando abandonados esperando su valentía sin ofrecer nada a cambio. Lo valiente no es asumir como propio el lenguaje inclusivo como el otro día escuché el comunicado de “los, las, voluntarios de caritas”, la batalla es otra y hay que afrontarla con argumentos y valentía, en nuestro caso no es una batalla cultura, necesaria, es dar a conocer la Palabra, sin complejos.

Es por ello que escribo para hablar de una revolución, de decir que Sí en mayúsculas y escribo para que con la bandera de la VERDAD reconquistemos el mundo. Es hora de parar para juntos, todos, hacer a Cristo otra vez protagonista.

Desde la suma de cada uno de nosotros podemos crear el ejército de amor más grande del mundo, tal y como rezaba el Evangelio de ayer “amaros los unos a los otros, como Yo os he amado”. Yo conociéndole, no puedo dejar de pensar en que es el momento de hacerle de verdad el protagonista de mi vida, lo tengo claro es por Él y para Él por el que tenemos que revolucionar desde todos los lados entendiendo como Iglesia que hay que dar un paso, yo el primero, para darle a conocer sin miedo, con verdad y sin juicio.

Nuestra revolución es diferente, es de palabras, de vida, de abrazos, de acogida, con Verdad, exigencia y sin complejos… con argumentos, sin juicios, pero sabiendo defender nuestra postura de vida plena sin complejos.

Luchamos contra un dragón con varias cabezas, pero tenemos al mejor fundador de todos y tenemos una obligación para con las generaciones futuras a las que quieren fluidas en valores, consumistas y engañadas, entretenidas para que obvien las preguntas que más les inquietan, aborregados, en definitiva ante un sistema comunista capitalista de control de la masa, sueldo justo, control de la propiedad y siempre suficiente para algo de ocio. Les molestamos para su plan, por ello la necesidad de tirarlo abajo con valentía y sin titubear.

Basta de ya de pequeños reinos de taifas donde proteger lo que no es importante, para volver al origen.

Se puede hacer mucho y bien, se tiene que hacer esa gran revolución que bajo el mismo paraguas nos una para la gran reevangelización de Europa, de España, tierra de María… hoy más sedienta de Verdad que nunca.