Érase una vez…

4 Abr

La ventaja de este blog es que si no está uno inspirado no tiene por qué escribir por no tener obligación, salvo las exigencias de alguna de las más fieles seguidoras como Loreto que me echa broncas. Siento la libertad de poder pararme hasta sentir de nuevo la necesidad imperiosa de contarte algo.

Sí, ya sé que estoy de psicomédico, pero después de un tiempo sin escribir, espero que hoy disfrutes de esta vuelta al calcetín que va de cuentos, va de ti y como todo buen cuento que se precie….

Érase una vez el primer nacimiento de hermanos gemelos. Nacieron en una aldea como la de Asterix, casa pequeña, humilde, con olor a chimenea; ambos con misma tez, mismos ojos, mismas manos, dos pequeños hoyuelos guardianes de una misma boca. Hoy todas aquellas madres que han tenido gemelos saben perfectamente distinguir, como Ella, pero para los mundanos, eran como dos pequeñas gotas de agua, tanto era así, que todos los incrédulos de la aldea pensaban que eran uno sólo.

Se corría de boca en boca el éxito de haber conseguido que dos criaturas hubieran podido nacer de una misma mujer, lo que hizo que en aquella época de principios de los principios, realmente fueran muy conocidos desde su alumbramiento. Su existencia fue volando por todos los rincones, unos los juzgaban, otros peregrinaban para ir a verlos.

Los dos hermanos iban creciendo y su parecido era cada día más asombroso. Eran la alegría de todos puesto que juntos formaban el mejor de los equipos. Sus travesuras les hicieron ser los reyes, siempre jugaban con ventaja, ya que uno siempre le echaba la culpa a su reflejo y nunca nadie sabía quién había sido, provocando el enfado de unos y las sonrisas de otros. Los años iban pasando y se hacían adolescentes creciendo dentro de lo que era el éxito entendido de aquella época, no de esta. Se corría el rumor de pueblo en pueblo, de plaza en plaza, iluminaban por donde pasaban siempre formando un bloque prácticamente indestructible, todas las mozas ya fijaban sus miradas en ellos con deseo de ser cortejadas algún día. Según se hacían mayores su curiosidad les invitaba a ir corriendo más riesgos, decidiendo un buen día volar y conocer los límites sin fronteras, correr miles de aventuras que les iba formando su personalidad, cada vez más seguros de sí mismos, sin miedo alguno a nada, de forma inconsciente.

Un buen día tras conseguir cruzar montañas, ríos y mares, decidieron cerca de un pozo en un lugar muy lejano, tumbarse para descansar. Quitáronse todas las armaduras, espadas y bártulos, dejaron a sus caballos bien amarrados con nudo de rizo en las encinas cercanas y tras haberse saciado con una agua pura se durmieron. Pasaron unas horas y una bella aldeana que iba con su tinaja para llenarla y regresar tras un largo camino a su casa, intentó coger agua del pozo sin hacer ruido. Le temblaban las manos por no saber nada de aquellos dos desconocidos tan parecidos, sus espadas y armaduras hicieron que sintiera miedo, pero ella tenía que cumplir su misión por mandato de su padre por tener que beber todos sus hermanos del agua que ella llevara. Ya sin fuerzas y venciendole el temor, soltó el cubo, este al caer provocó que los dos hermanos se despertaran de forma repentina. Tras unos segundos de desconcierto, cogieron sus espadas, gritaron para auyentar a su fantasma, hasta que ambos consiguieron fijar su mirada cayendo prendados en ese instante por la belleza de esa mujer. Sus ojos verdes, manos quebradas, boca perfecta y pelo rubio recogido, hizo que los dos dejaran caer sus defensas, quedando inmóviles y aturdidos. Ella, aterrorizada, dejó caer la tinaja, que rompió y corriendo se perdió en el horizonte.

Los hermanos reaccionaron inmediatamente, les volvió locos por primera vez sentir, era una experiencia nueva e indescriptible para ellos que les hacía verdaderamente únicos. Por fin se creían vivos, Príncipes.

Ambos se vistieron corriendo, soltaron sus caballos y cabalgando llegaron al punto mismo donde ella había desaparecido, encontrándose dos caminos.

Tras darse cuenta del flechazo instantáneo de los dos, de ese sentimiento de hechizo, llegó el momento de decidir. Cada uno por fin quería tomar una dirección distinta hacia un lugar desconocido. Todo aquello que les había unido, sus aventuras y desventuras, sus juegos, sus viajes, sus conquistas, sus amistades, se vieron por fin truncados por un sentimiento que de mano de la locura les minó de forma tal, que decidieron separar sus destinos, tenían que escoger entre dos caminos tomando cada uno de ellos el que creía mejor en ese instante.

En el momento de despedirse, sabían que jamás se volverían a encontrar, por lo que se abrazaron, desearon suerte y cabalgaron dejando atrás dos estacas con dos carteles que nombraban los caminos, uno se llamaba RECUERDO y el otro se llamaba OLVIDO.

Moraleja: Siempre serás libre de escoger cualquiera de los caminos, no dejes de elegir el mejor en cada momento.

Hoy por sentirme generoso te regalo esta canción:

https://www.youtube.com/watch?v=9gWMjHnBj-A

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