Archivo | marzo, 2015

Tras el alambre de espino.

31 Mar

Era una día de invierno, hacía frío y yo “privilegiada” estaba en un barracón donde a los judíos con suerte nos encerraban, digo con suerte porque tras haber visto con mis ojos lo que vi, yo puedo decir que tenía comida diaria y vivía en unas condiciones lamentables, pero condiciones.

Pasaban los días y  creí haberla visto, pero no sabía si era ella, tuve la esperanza. Tras meses en un sitio donde cada día pasaban cientos de personas desconocidas para mí, entre rayas, entre la injusticia, entre la inhumanidad, entre el hambre, la muerte, la desesperación, de repente allí estaba: Un cuerpecillo con mirada asustadiza, una pequeña mujer de 15 años que la vida le había golpeado antes de tiempo, sin haber aprendido todavía a defenderse, había dejado de ser niña. La encontré.

Foto 1 No pude contenerme y fui corriendo hacia la valla, aun a sabiendas del riesgo de perder la vida y grité: “ANA”. Sí, era ella, se giró y volvió hacia mí. Su cuerpecillo desnutrido pedía a gritos ayuda. En nada se parecía a aquella Ana que había conocido de pequeña, risueña, simpática, pizpireta, con hambre de comerse el mundo, no pan, pero de alguna manera seguía siendo ella; aquella estudiante inteligente, aquella niña con la que jugaba de pequeña, aquella amiga.

Por mucho que algunos hubieran secuestrado su cuerpo, nadie pudo secuestrar su mirada, pero casi sin poder moverse, delgada, enferma, me pidió que le ayudara.

Foto 2

Iban pasando los días y yo intentaba recolectar lo poco que pude lo metí en un calcetín y esa noche quedamos. Sobre todo ciruelas secas. Era noche de invierno, obscura, fría, pero el hambre ganaba al miedo. Cuando mis ojos se acostumbraron a la penumbra, vi un cuerpo solo cubierto por una manta, su ropa llena de piojos ya no le servía, miraba con angustia pero con ganas de sobrevivir. Enferma había perdido a la mayor parte de su familia, su madre, su hermana acaba de morir atacada por la enfermedad del tifus, que tristemente compartía y de su padre no tenía noticias.

Ana me miró y yo lancé el calcetín con todas mis fuerzas, con todas mis ganas, cogiendo el cielo paso el conjunto de cuadrados de metal y pinchos, llegando a su destino. La noche se tornó oscura, y sólo pude oír llorar. Una voz débil e indefensa confesaba como alguien más fuerte, como de animales se tratara, había cogido el calcetín que lancé y había salido corriendo. No pude más que consolarla.

Los sollozos de Ana, hicieron que sacara toda mi fuerza y le dije: “No te preocupes, lo intentaremos otra vez”. ¿Qué podía decir?

Empecé de nuevo la batalla de la recolección para ayudar a mi amiga, mismo procedimiento, misma técnica, misma generosidad de aquellas que me dieron algo de lo poco que teníamos.

Volvimos a quedar, habían pasado días, que para ella, seguro que fueron como semanas. Su fragilidad ya casi no se distinguía por la noche, sus ojos secos de llanto, enferma, sé que si hubiera sabido que su padre vivía a lo mejor hubiera encontrado un poco de fuerzas para seguir luchando, pero lo ignoraba.

Esa noche lo conseguimos, ganamos la batalla al hambre, al miedo. Un éxito, un calcetín volando, alcanzando su destino. Fue la última noche que la vi, la última.

El 12 de Marzo de un día de invierno frío, Ana murió, pero dejó su diario para la eternidad.

Foto 3

Basado en un testimonio real del documental de “Ana Frank, la historia jamás contada”.

Foto 4

Ana Frank, murió tras un alambre de espino, quizá bandera de todos aquellos niños y niñas que hoy están siendo asesinados en otros lugares del mundo por ser diferentes, en condiciones similares. Por ser nuestro deber parar esta barbarie, para que no permitamos que vuelva a ocurrir, como ocurre, por todos y todas las Anas Franks del siglo XXI de Irak, Siria, Nigeria, etc.

Nazareno

Esperanza Aguirre ¿Me das la oportunidad?

13 Mar

Querida Esperanza,

Quiero trabajar para Madrid. ¿Por quién? Por ELLOS. ¿Quiénes son ellos? los más importantes de una ciudad, sus ciudadanos, empezando siempre por los que forman parte del primer escalón, aquellos que más nos necesitan y a los que quiero decir sí, SI en mayúsculas.

Siempre y todos los que me conocen, saben que he sido un pepero convencido. Fue el asesinato de Miguel Angel Blanco (QEPD) lo que me animó con 17 años a afiliarme al Partido Popular, hoy ya tengo 35 y he hecho todo lo posible para formarme lo mejor que he podido para poder dar este paso, estoy preparado. He trabajado en una empresa familiar, donde hemos remado estos años contra corriente, montado proyectos,  he fracasado, he aprendido que es lo importante para triunfar en el mejor de los sentidos y quiero humildemente trabajar desde la administración más cercana, para resolver los problemas más mundanos.

No tengo ningún padrino que me pueda colocar en tu lista, nunca lo quise por saber que mi libertad no podía tener precio. No formo parte de la estructura que conozco muy bien, por haber sido Presidente de un Congreso Nacional, pero estoy dispuesto a batirme el cobre para convencer y explicar que se ha hecho mucho y situado a Madrid en un lugar privilegiado, y estoy convencido de que el Partido Popular puede ser el partido que la mayoría de la gente quiere que sea.

Quiero dedicarme al noble ejercicio de la política para poder servir, no ser servil, servir a todas la personas que viven en mi ciudad. Para que vivan mejor, estén más seguros, vayan por calles más limpias y asfaltadas, tengan los mejores accesos, puedan pasar más tiempo con sus familias, puedan tener trabajos dignos, dignamente remunerados, puedan ser libres y elegir, tengan las mejores infraestructuras, mantenidas; pero sobre todo Esperanza quiero ser político por aquellos que tanto esfuerzo hicieron en épocas pasadas y hoy están solos, nuestros mayores, por los que están en la calle y antes de llegar al punto de no retorno, piden a gritos una segunda oportunidad, nuestras personas sin hogar, por los que están pasando una mala racha, por los que son capaces de trabajar tres turnos por sus familias, en especial por nuestros enfermos y discapacitados, para que encuentren en mí una persona a la que acudir, con la intención de que  Madrid no les discrimine, les dé la espalda y aísle, y sepamos lo importante de su existencia, aprendamos de sus sonrisas, de sus gestos y también de su carácter, de su personalidad y trabajar por sus familiares que con tanto amor les cuidan y muchas veces se encuentra desesperados, desamparados,  es por querer trabajar por todos ellos, por los que humildemente te escribo.

Esperanza, para mí una ciudad sin alma, es sólo asfalto. Y creo que es hora, como dice Dani Rovira, de pedir perdón, dar gracias y saber decir te quiero, yo quiero a Madrid, y por ello doy este paso aunque mis amigos me dicen que estoy loco, que no siga luchando por hacer política, yo contesto siempre que es mi pasión.

La política es el servicio no a los países, no a las ciudades, es el servicio a las PERSONAS y yo es a lo que me quiero dedicar desde donde tu decidas, sé que uno no llega a General, sin haber sido Soldado y yo solo soy un hombre que se ha formado todo lo que ha podido con un fin, un abogado con un MBA cuyo proyecto de fin de master llevaba el título de “Democratizar la democracia”, una persona con una vocación: servir, escuchar y trabajar.

Yo, sí quiero, ¿Me das la oportunidad?

Joaquín Vázquez

Unos dejaron de soñar, yo sigo creyendo que sí se puede: