Queridos Reyes Magos:

23 Dic

Hace poco leí: “Existe un momento en la vida que uno quiere dejar de ser niño y madurar, cuando maduras, que no suele ser cuando quieres, te das cuenta de que lo que ya jamás vas a volver a poder ser es niño otra vez”.

Hace mucho tiempo que no os escribo, grave error, quizá por creer que dejar de pediros me hacía más hombre, cuando ahora entiendo perfectamente que lo que era, era ser muy niño por querer lo que pedía.

Uno por lo tanto, retoma con diligencia tan sana tradición perdida, con la intención de volver a repetirla cada año, pero esta vez de forma diferente: no es para pedir, es para contar, no es para pedir, es para ofrecer, no es para pedir, es agradecer; ya por fin no quiero nada de lo que quería.

Agradezco poder hacerlo a tiempo, y saber que queda escrito, quizá ahora ya sí que me he hecho mayor.

Por ser esta la primera tras una larga ausencia, un punto de inflexión, puedo confesar que me arrepiento por haber querido correr tanto en dejar un etapa tan importante de la vida, me pase de listo, y como sé que por mucho que pase el tiempo, y meta la pata, vosotros siempre encontraréis ese mejor de mí; a ese niño que, aunque creció, forma parte indivisible de mi ser, del menú que me conforma; por todo como una mala canción sin estribillo, os escribo:

Perdón, por haber sido tan egoísta, por tantos caprichos, tantos juguetes pedidos a última hora en la cabalgata, mi mejor secreto, para que entre el tumulto saber si eráis capaz de oírlo y lo suficientemente mágicos. Perdón por no pensar nunca en el esfuerzo sobrehumano que costaba mi sonrisa, difícil de conseguir. Perdón por no haber ayudado con la carga de lo que pesaba para hacerme feliz. Perdón por quereros solo para mí, sin pensar que a lo mejor queríais un poco de espacio para quereros. Perdón por mi ignorancia y no saber que más gente también os podría necesitar. Perdón por no haberme dado cuenta de que alguno de los años pudierais estar cansados y exigiros dar incluso más, solo por mí. En definitiva, perdón por querer que solo mi vida fuera mágica, cuando los verdaderos magos sois vosotros.

Y gracias. Gracias por siempre haberos preocupado por mí desde la distancia. Gracias por haberme hecho darme cuenta de lo que es importante. Gracias por vuestra infinita generosidad. Gracias por no dejarme caer en la esclavitud de lo que hoy llamo cosas. Gracias por hacerme entender lo que significa Familia. Gracias por haberme obligado a acostarme las noches del día 5 para estar en plena forma y no haberme perdido detalle. Gracias por hacer que mis recuerdos sean más por momentos vividos. Gracias por haber hecho lo posible para que no tenga malos recuerdos. Gracias por no haberme dejado caer en frustraciones, ni complejos. Gracias por inculcarme, año tras año, que no soy yo el protagonista. Gracias por educarme para distinguir el mejor regalo. Gracias por dejarme ser libre y creer. Gracias por haberme dejado encontrar el oro, el incienso, la mirra. Gracias por el apoyo incondicional indirecto. Gracias por respetar mi búsqueda de mí.

En definitiva: Gracias por haber compartido vuestra magia conmigo.

Pues eso, encontré la fórmula de escribir lo que sé que ya sabéis, tardé tiempo, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Aquí yo, uno que sabe que jamás, haga lo que haga, podrá recompensaros  como se merecen mis queridos Reyes Magos.

Hasta el año que viene.

Joaquín

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